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Accidentes y crisis energética: un camino al infierno
11/01/2008

La enorme cantidad de muertos en accidentes de tránsito y la crisis energética ponen en evidencia los límites del modelo productivo. Mientras tanto, el Gobierno asegura que “somos víctimas de nuestro propio éxito.

La semana pasada advertíamos sobre cuantas muertes más debían ocurrir en accidentes de tránsito en las obsoletas rutas argentinas para que las autoridades reaccionen y se den cuenta que se necesitan urgentes inversiones viales. La secuela de tragedias en estos primeros diez días del año -van más de 60 muertos-, abonan la postura y ponen nuevamente en evidencia los límites de este modelo... "¿productivo?".

Otro tanto puede señalarse de la situación energética. Después de negar obstinadamente la crisis de electricidad, la población hubo de soportar apagones y cortes de agua para que la administración CFK asumiera la crisis aunque se exima todavía de la responsabilidad.

"Somos víctimas de nuestro propio éxito", desafió irónica y socarronamente el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. En realidad, somos víctimas de la impericia, negligencia e improvisación oficial, respetuosamente. Sin embargo, el modelo comienza a recrear toda la esencia "gelbardiana" y poco a poco va delineando su perfil más característico.

Lejos de solucionar el problema de la inflación de claro sesgo estructural, el gobierno apela a la clásica receta de los '70 con más dirigismo e intervencionismo. La reciente prohibición para poder exportar combustibles es un estigma clásico del pensamiento "gelbardiano".

Como no se puede controlar la inflación, con herramientas académicas y adecuadas, se adulteran los índices, como no se puede sincerar la variable cambiaria, se interviene en el mercado y se lo controla, como no se puede admitir el aumento del precio de los combustibles, se les prohíbe exportar, creyendo que la oferta global volcará toda su producción al mercado interno.

Pero el absurdo no termina allí. Llega a límites inimaginables. En un país como la Argentina, donde los alimentos se producen por doquier, como no se puede soportar la suba de su precio, para que no afecte a los sectores más pobres, el gobierno subsidia la producción de alimentos con los impuestos que pagan los más pobres, para que no aumente los precios. ¿ Alguien se puede imaginar al reino de Arabia Saudita subsidiando la producción de combustibles? Seguramente, ningún ser racional.

Sin embargo, la actual política económica es celebrada por empresarios, sindicalistas, banqueros y a juzgar por los resultados de octubre por casi la mitad de la población, lo cual no significa que sea la correcta.

El modelo gelbardiano está sustentado pura y exclusivamente en el ingreso de los "agrodólares" y mientras los commodities se mantengan al alza será muy difícil que naufrague. Sin embargo, la rigidez de la inflación va dejando enormes baches que luego se convertirán en abismo.

Las medidas de control de precios, de exportaciones y todo tipo de intervención en los mercados constituyen un desaliento determinante para que los agentes económicos inviertan para aumentar la oferta de bienes y servicios. La tasa de inversión en la Argentina es baja y sólo representa la lógica reposición del capital, de manera que no sirve para expandir la oferta global.

En segundo lugar, la manipulación de los índices de precios va camino a constituirse en sólo una parte del costo de vida. Las autoridades trabajan sobre la base de los precios de salida de fábrica, con el único interés de mostrar que los alimentos no suben, para que ello favorezca a los sectores de menores recursos. Queda claro que los precios de salida de fabrica no son los que encuentra la gente en el mercado, en especial, tratándose de una economía con fuerte intermediación.

Además, en una economía donde 2/3 del PBI están formados por servicios y donde los servicios tienen 3/5 en la ponderación del índice de precios minoristas, el control Kirchner resulta estéril.

Los controles de precios, el cierre de registros de exportación de carnes y granos, la prohibición de exportar combustibles, conforman no sólo la liturgia del "gelbardismo" sino una falta de estímulo para la inversión.

Sin inversión, la inflación se mantendrá en niveles muy altos y creciente, con un tipo de cambio sin variación, las consecuencias son nefastas.

Sin inversión, el ritmo y la productividad decaen, la economía envejece y el desabastecimiento se hará presente, dando paso a los mercados negros, el reino del pillaje.

Sin inversión, con inflación creciente y desabastecimiento, el infierno está a la vuelta de la esquina. Como en los '70, ¿se acuerda..?

 

 

Fuente: DyN

Autor: Miguel Ángel Rouco

 

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