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Cataluña: Los devastadores efectos del hielo en las líneas eléctricas

Sucede pocas veces, pero cuando ocurre, las consecuencias son devastadoras. La combinación de nieve húmeda y el viento intenso registrados el pasado lunes 8 de marzo en Cataluña provocó la aparición de una multitud de formaciones de hielo, conocidas por los ingenieros como manguitos de hielo, que al acumularse sobre los cables eléctricos originaron un sobrepeso fatal, de una magnitud difícil de calcular. Hasta 33 torres de Fecsa Endesa acabaron cediendo y cayendo al suelo dobladas por la mitad.
La acumulación de nieve o escarcha no sólo aumenta el peso del cable, sino que también aumenta su resistencia al aire y, por tanto, la fuerza que hace éste sobre el mismo. Además cuando se corta un cable, se produce el efecto látigo. El cable no cae sin más al suelo, sino que azota toda la instalación con fuerza, lo que produce nuevas roturas. Y el efecto se propaga de una torre a otra, rompiéndose casi de forma simultánea los conductores y las torres en cascada.
Cada torre dista de su compañera unos 330 metros de media, de modo que las 33 caídas en Cataluña hacen que se hayan roto unos 10 kilómetros de conducción. Situaciones similares se han dado en el pasado. En 1985 se produjo también en Girona y poco tiempo después, cerca de Vic. También se ha producido al otro lado de la frontera por causas similares.

Hasta 14 líneas de alta tensión y decenas de media y baja tensión quedaron fuera de servicio, dejando sin suministro a ocho subestaciones. El hielo causó también problemas en la principal y única línea de transporte de electricidad del área de Girona.


Hasta 14 líneas de alta tensión y decenas de media y baja tensión quedaron fuera de servicio, dejando sin suministro a ocho subestaciones. El hielo causó también problemas en la principal y única línea de transporte de electricidad del área de Girona. El suministro cesó sobre las 16:30 horas en una línea de 220 kilovoltios, que va desde Vic (Osona) hasta Juià (Gironès) y que Red Eléctrica de España (REE) no logró reparar hasta pasadas las seis de la tarde del martes 9 de marzo, un día después de que el temporal la dejara fuera de servicio.
Se produjo una situación excepcional, una nevada nada habitual en esa zona, que produjo grandes depósitos de hielo. El resultado de todo ello, 220.000 abonados de Girona y el norte del Maresme sin suministro de electricidad durante casi un día. Al día siguiente esta cantidad se redujo hasta los 66.000. La precariedad del sistema eléctrico de Girona, que no dispone de una red mallada, que permita dar servicio a los usuarios por caminos alternativos, hizo difícil asegurar el suministro normal durante días. La proyectada línea de muy alta tensión (MAT) podría aliviar este problema.
Las 33 torres que sucumbieron bajo el peso del hielo no estaban preparadas para semejante situación. Es una cuestión de diseño, los soportes (Postes) que se instalan en una zona cercana al mar no están diseñados igual que los que se colocan en alta montaña o en una llanura. En cada caso se adaptan a la orografía y a las condiciones climáticas. Uno de los factores que se aplican en la construcción de una línea eléctrica es el coeficiente de intemperie, que tiene en cuenta si donde se coloca una torre es una zona lluviosa o si hay más o menos nevadas, y Osona (Una de las zonas afectadas) no es tierra de nevadas. Las torres de acero galvanizado caídas no habían sido diseñadas para soportar los manguitos de hielo.

La acumulación de nieve o escarcha no sólo aumenta el peso del cable, sino que también aumenta su resistencia al aire y, por tanto, la fuerza que hace éste sobre el mismo.


Fecsa Endesa instaló el martes 9 un centenar de grupos electrógenos en las poblaciones afectadas por el apagón. A lo largo de la semana se llegaron a instalar 275 grupos de diferentes potencias. Se tuvieron que traer generadores de fuera de Cataluña de diversas empresas, entre otras del Grupo Morillo.
Girona no dispone de una red mallada de 400 kilovoltios, necesaria para atender su consumo, es decir, no cuenta con los mismos estándares que el resto de España. Esta situación dificulta claramente su desarrollo, según detalla un informe realizado por Red Eléctrica Española (REE) el pasado año, donde alertaba sobre las insuficiencias de las infraestructuras eléctricas de esta provincia, agravadas por la gran demanda que tiene la Costa Brava.
Entre 2001 y 2007, la demanda de electricidad en Cataluña se ha incrementado en más de un 18 %, y en Girona el consumo máximo ha aumentado un 32 % entre los años 2002 y 2006. Pero además la provincia sólo genera el 10 % de la electricidad que consume.
El futuro desarrollo del Tren de Alta Velocidad compromete aún más la situación eléctrica en Girona. El AVE supone una demanda añadida que, además, exige una estabilidad y calidad del suministro eléctrico que sólo una línea de 400 Kv como la proyectada puede asegurar. Con una línea de menor tensión, la potencia que consume el AVE provocará caídas de tensión y distorsiones en la red disminuyendo la calidad del servicio al resto de los consumidores.

Cuando se corta un cable, se produce el efecto látigo. El cable no cae sin más al suelo, sino que azota toda la instalación con fuerza, lo que produce nuevas roturas. Y el efecto se propaga de una torre a otra, rompiéndose casi de forma simultánea los conductores y las torres en cascada.


La interconexión eléctrica entre España y Francia consta actualmente de cuatro líneas: dos en el País Vasco (Arkale-Argia y Hernani-Argia), una en Aragón (Biescas-Pragneres) y otra en Cataluña (Vic-Baixàs).Tiene una capacidad comercial máxima de intercambio de 1.400 megavatios, es decir, representa sólo un 3 % del actual máximo de demanda de la Península, muy lejos del 10 % que estableció la Unión Europea como nivel mínimo en la Cumbre de Barcelona de 2002.
En opinión de Josep Maria Rovira, vicedecano del Colegio de Ingenieros Industriales de Cataluña, el apagón que han sufrido las comarcas hace unos días está ligado a la insuficiencia de las infraestructuras. Girona es abastecida por dos líneas de 220 Kv desde Vic. Una de estas líneas falló, al mismo tiempo que varias de 110 Kv, y la otra no pudo aguantar. El primer fallo se hubiera podido minimizar si la línea de 400 Kv estuviera en funcionamiento. Por lo menos, la ciudad de Girona y las zonas urbanas no se hubiesen visto afectadas.
Según este ingeniero, los tendidos están diseñados conforme los reglamentos del Ministerio de Industria. Estas normas, por ejemplo, no prevén que en las líneas a la orilla del mar se formen “manguitos de hielo” en los cables, que son los que, por su peso, pueden partir el tendido o hacer caer las torres. Es lógico que así sea, porque normalmente no nieva en las playas. La solución, pues, es reforzar todas las líneas, pero... ¿esto cuánto vale? ¿Y quién lo paga? La respuesta es: todos. ¿Y la gente estará dispuesta a rascarse el bolsillo para solucionar algo que pasa cada equis años o que puede ser que no ocurra de nuevo hasta dentro de 50 años? El propio director general de Energía de la Generalitat, Agustí Moure, reconoció que no había que tocar nada, ya que lo que se ha producido es una situación extraordinaria.

Operarios de Endesa reparando una línea eléctrica caída en la autovía a la altura de Platja d'Aro (Baix Empordà).


Tampoco hay indicios de que no se haya hecho el mantenimiento que toca. Por otra parte, el Plan Tramuntana, que preveía hacer 40 subestaciones, no se ha podido llevar a cabo en su totalidad porque ha habido ayuntamientos que se han opuesto a las conexiones o a las obras de estas subestaciones.
Además de la interconexión con Francia, se piensa en la construcción de una central de ciclo combinado en la localidad de Celrà, cerca de Girona, de 800 MW para abastecer a la Costa Brava. Y ello requiere de una red potente a la que poderse conectar.
El viernes 12 de marzo la compañía Endesa había podido normalizar el suministro eléctrico de las subestaciones de Calella de Palafrugell y de Lloret de Mar. La normalización de estas subestaciones permitió a la compañía disponer de dos nuevos grupos electrógenos. La normalización del suministro eléctrico se produjo después de que se hubo recuperado la red de alta tensión, lo que permitió restablecer la de media tensión. La primera subestación que entró en funcionamiento fue la de Calella, que abasteció a la de Lloret, lo que supuso que numerosos abonados de la zona volvieran a tener luz en sus hogares, cinco días después del temporal de nieve del lunes.

Endesa insistió en el compromiso de instalar torres más fuertes a las que había antes de la nevada para poder reducir el impacto de otra supuesta nevada parecida en el futuro.


En las reparaciones han estado trabajando unos 900 (Unos 300 han tenido que venir de fuera de Cataluña) empleados de diversas empresas de montajes eléctricos, durante las 24 horas del día, en diferentes turnos, utilizando máquinas excavadoras, vehículos especiales y dos helicópteros para abrirse paso por los caminos y pistas cubiertas por la nieve y poder acceder a las bases de las torres que cayeron durante el temporal, para comprobar los daños y poder repararlos. Endesa ha debido reparar más de 800 apoyos, entre ellos 3 grandes torres metálicas, destrozadas por efecto del peso del hielo acumulado en los cables, en algunos casos más de 4 toneladas.
Durante estos días 500 personas han estado trabajando en el centro de atención telefónica de Endesa para atender a sus clientes.
El coste de este temporal de nieve para Endesa, entre reparaciones y funcionamiento de grupos electrógenos, se acercará a unos 50 millones de euros.
Por lo que respecta a los perjuicios económicos causados a los clientes de Endesa, la Agencia Catalana de Consumo (ACC) opina que es la empresa eléctrica quien se debe hacer cargo y a quien se le debe reclamar (Endesa deberá responder usando su propia póliza de seguros). La empresa tendrá un mes para contestar. Si no lo hace, la ACC podrá empezar a tramitar reclamaciones desde sus oficinas.
La cuestión es que si se considera que los hechos han sido consecuencia de causa mayor, no habrá obligación legal por parte de las compañías de compensar a los usuarios afectados. Si las nieves son causa mayor, y parece que así debería ser, Endesa no pagará nada. Si al tiempo no se le considera un fenómeno extraordinario, el Estado tampoco pagará nada.

El coste de este temporal de nieve para Endesa, entre reparaciones y funcionamiento de grupos electrógenos, se acercará a unos 50 millones de euros.


Además de presentar estas reclamaciones, los que cuenten con un seguro deberán comprobar sus coberturas. En caso de que sea a todo riesgo o, si es empresarial, incluya los paros productivos por causas ajenas, podrán pedir compensación, pero en el caso de pymes no habrá mucho que hacer, la mayoría, con la crisis, han reducido mucho sus pólizas hasta los servicios mínimos obligatorios.
Fecsa-Endesa trata de desarrollar desde hace 10 años cinco proyectos básicos en Girona que o bien dependen de la implantación de la MAT o están bloqueados por falta de permisos de algunos ayuntamientos. Se trata de la construcción de las subestaciones de Bescanó, Riudarenes y Santa Llogaia, y de la instalación de la línea de 132 kv de Olot-Santa Llogaia y la de 110 kv entre Juia y Bellcaire.
El servicio eléctrico se basa en la redundancia, de manera que si una línea falla haya otra que permita prestar el servicio. Por eso, si se hubiera construido a tiempo la MAT y estas instalaciones, la situación sería diferente.
Endesa se ha comprometido a no tener ningún grupo electrógeno funcionando esta Semana Santa en los núcleos urbanos de la provincia de Girona afectados por la fuerte nevada y se marcó el 1 de julio como fecha límite para lograr la normalidad definitiva en la red eléctrica. También se ha comprometido a mantener en la provincia unos 300 generadores en reserva por si hubiera algún problema con el suministro.
Endesa insistió en el compromiso de instalar torres más fuertes a las que había antes de la nevada para poder reducir el impacto de otra supuesta nevada parecida en el futuro. Así, en Girona se colocarán torres capaces de superar vientos de 180 km/h en la zona del Alt Empordà y resistentes a vientos de 160 km/h en el resto de la demarcación.

Las 33 torres que sucumbieron bajo el peso del hielo no estaban preparadas para semejante situación.



Fuente: Alma de Herrero


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